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Sin renuncia en mano, San Lázaro abre la disputa por el relevo en el INE

En San Lázaro falta un documento, pero la discusión sobre quién ocupará la presidencia del Instituto Nacional Electoral ya comenzó.

Al momento de las declaraciones de Ricardo Monreal, la Cámara de Diputados todavía no recibía formalmente la renuncia de Guadalupe Taddei Zavala. El presidente de la Junta de Coordinación Política puso esa precisión por delante: sin el escrito, el procedimiento de sustitución permanecía a la espera. En su explicación, sin embargo, ya estaban trazados los siguientes pasos, el tiempo de la negociación y las cualidades que, a su juicio, deberá reunir el relevo.

La salida había sido anunciada por Taddei el domingo 25 de octubre. En su mensaje, sostuvo que presentaría la renuncia al día siguiente y defendió la continuidad de los trabajos electorales. También señaló que su decisión no relevaba a nadie del deber de esclarecer los hechos que debieran investigarse. El proceso federal de 2026-2027, recordó, comenzó el 10 de septiembre. La sucesión ocurre, por tanto, con la organización electoral en marcha.

Monreal ofreció una lectura de estabilidad. Aseguró que los diez consejeros restantes podrán designar una presidencia provisional y que el instituto mantendrá sus funciones mientras los diputados procesan el nombramiento definitivo.

La afirmación busca contener la incertidumbre inmediata. Pero abre una pregunta que acompañará toda la sucesión: ¿bastará con garantizar que el INE siga funcionando para recuperar la confianza en su conducción?

El legislador calculó entre cuatro y cinco semanas a partir de la convocatoria. Describió una ruta de registro de aspirantes, evaluaciones, entrevistas y una quinteta que llegará a la negociación parlamentaria. La designación requerirá mayoría calificada; si el acuerdo no se alcanza, explicó, la ruta puede desembocar en la insaculación. El Canal del Congreso también recogió ese plazo y el requisito de las dos terceras partes de los legisladores presentes.

Cada etapa tendrá una lectura política. La integración del comité técnico permitirá observar quiénes evaluarán a los aspirantes y con qué criterios. Las entrevistas mostrarán si la discusión se concentra en experiencia, independencia y capacidad de conducción. La quinteta dejará ver cuánto espacio hubo para perfiles capaces de reunir respaldo fuera de una sola bancada.

Monreal dijo que intentará construir un consenso más amplio que la mayoría indispensable. Esa será una de las pruebas del proceso: ¿hasta dónde estarán dispuestos los grupos parlamentarios a negociar un nombramiento que también pueda ser defendido por quienes voten en contra del bloque gobernante?

El coordinador de Morena enumeró certeza, legalidad, objetividad, imparcialidad y profesionalismo como atributos deseables. La lista ofrece una vara para medir la elección. Durante las próximas semanas, la pregunta será qué antecedentes, decisiones y resultados acreditan esas cualidades en cada candidatura.

La credibilidad de la nueva presidencia comenzará a construirse antes de la toma de protesta. Dependerá de cuánto se conozca sobre las evaluaciones, de la explicación pública de los descartes y de las razones que sostengan la selección final. Un acuerdo amplio podría darle mayor respaldo de origen; una negociación opaca dejaría cuestionamientos que el nombramiento, por sí solo, difícilmente resolvería.

Hay, además, otra discusión que la vacante no cancela.

Monreal consideró que un juicio político perdería sentido frente a la separación del cargo. Al mismo tiempo, sostuvo que la renuncia no excluye posibles responsabilidades por contratos, presuntas irregularidades o eventuales conflictos de interés. Afirmó que distintas instancias fiscalizadoras y de investigación ya habían iniciado actuaciones.

También queda pendiente la explicación de por qué la separación volvería innecesario un procedimiento al que el propio Monreal atribuyó otro posible efecto: la inhabilitación. Su postura anticipa una discusión política y jurídica que no se resuelve únicamente con la entrega de la renuncia.

En las semanas siguientes, la atención tendrá que repartirse entre la selección del relevo, la continuidad del calendario electoral y el esclarecimiento de las denuncias. El riesgo es que la disputa por el nuevo nombre absorba el escrutinio sobre la administración saliente.

Por ahora, Monreal pide tiempo para cumplir el procedimiento y ofrece confianza en un acuerdo. La promesa podrá contrastarse pronto con decisiones concretas: quién evalúa, quién llega a la quinteta, qué negocian las bancadas y cómo justifican su voto.

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