POR RODOLFO EL NEGRO MONTES
Ciudad de México, 27 de septiembre de 2026.— El corazón del país volvió a latir con fuerza este domingo. Bajo un cielo despejado y arropada por un mar de banderas, sombrillas y pancartas, la plancha del Zócalo capitalino se convirtió en el epicentro de la política nacional para atestiguar el cierre de la gran gira por todo el país encabezada por la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo.
La salida y el pulso de la multitud
Eran exactamente las 11:00 horas cuando la titular del Ejecutivo federal cruzó la puerta principal de Palacio Nacional. El aire se cargó de vivas, aplausos y ovaciones mientras avanzaba hacia el templete, deteniéndose unos instantes para saludar de mano a los simpatizantes que rompían filas con la esperanza de tocar a la mandataria.
El ambiente festivo tenía tintes de victoria colectiva; las miles de almas congregadas aguardaban el balance de un recorrido que llevó a la presidencia a cada rincón de la República.
A las 11:18 horas, con el micrófono en mano y la mirada puesta en la multitud, Sheinbaum arrancó su discurso conectando el pulso del presente con las raíces más profundas de la patria.
Memoria histórica y la consagración de la 4T
La mandataria recordó que un día como hoy, 27 de septiembre, pero de 1821, la historia nacional vio consumarse la lucha de Independencia con la entrada del Ejército Trigarante a la Ciudad de México. Con esa resonancia histórica de fondo, la presidenta reivindicó el origen del movimiento que hoy gobierna el país.
“Aquí se luchó por la independencia, por la libertad y, óigase bien, también por la justicia social”, exclamó con firmeza desde el presídium.
En su repaso histórico, evocó los momentos clave de la gesta emancipadora y rindió homenaje a los próceres que cimentaron la nación, destacando de manera especial las aportaciones de José María Morelos y Pavón y su visión de justicia para los desposeídos.
Reconocimiento al legado de López Obrador
El clímax emocional de la jornada llegó cuando la presidenta volcó su reconocimiento hacia su antecesor, Andrés Manuel López Obrador, a quien calificó sin ambages como un líder extraordinario.
Sheinbaum subrayó que fue gracias a su visión y tenacidad que el pueblo mexicano despertó y se levantó pacíficamente para echar a andar la llamada Cuarta Transformación.
En este tenor, la mandataria hizo hincapié en que el proceso político y social ha quedado sólidamente blindado: afirmó con orgullo que la Constitución mexicana ya se encuentra plenamente acorde con los principios y objetivos de la 4T, marcando un antes y un después en el marco legal de la nación.
Soberanía y dignidad nacional ante el exterior
Ante miles de seguidores atentos, el discurso de la presidenta adoptó un tono de absoluta firmeza institucional al abordar la relación bilateral con Estados Unidos y el papel de la administración de Donald Trump.
Con voz enérgica y tajante, Sheinbaum envió un mensaje directo al vecino del norte al sentenciar que ninguna potencia extranjera tiene el derecho de dictar el presente ni el futuro de México.
La frase desató una de las ovaciones más estruendosas de la mañana, consolidando un pacto tácito de respaldo popular en defensa de la soberanía nacional.
Con este magno evento en la Plaza de la Constitución, concluyó una travesía federal que recorrió los estados del país para consolidar estructuras, escuchar demandas ciudadanas y trazar el rumbo de la administración.
Al caer la tarde, los contingentes comenzaron a dispersarse entre calles colmadas de júbilo, dejando claro que el movimiento de transformación mantiene intacto su arraigo en el corazón de los mexicanos.



