Mérida, Yucatán.- El sol apenas templaba la mañana de un domingo cualquiera en el norte de Mérida, pero sobre el Paseo de Montejo la rutina ya se había roto.
Carritos de baleros, patines, bicicletas de todas las velocidades y familias a pie con mascotas tomaban el carril poniente. Este fin de semana no era uno más; la tradicional “Bici-Ruta” cumplía veinte años de existencia y el ambiente se sentía distinto, más cálido, con el bullicio típico de una gran fiesta vecinal.
Entre la multitud, saludando de mano a los ciclistas y conversando con los comerciantes que montaban sus puestos, caminaba la alcaldesa Cecilia Patrón Laviada.
Para ella, la celebración tenía un significado personal muy profundo. Hace exactamente dos décadas, cuando el proyecto apenas era una idea sobre el papel, fue la encargada de tocar puertas, dialogar y sumar voluntades con hoteleros, empresarios, comerciantes y vecinos de la zona para demostrar que otro tipo de movilidad era posible en la ciudad.
“Al principio costó convencer a muchos de que cerrar una avenida principal los domingos traería vida en lugar de problemas”, recuerda con una sonrisa mientras pausa su caminata para recibir el saludo de un grupo de vecinos. Aquel esfuerzo inicial de concertación dio frutos, y hoy los domingos sobre Montejo son un ritual arraigado en la identidad meridana.
La celebración del vigésimo aniversario no se quedó en el recuento del pasado. Durante los festejos, se confirmó una de las noticias más esperadas por los usuarios habituales: las rutas nocturnas de convivencia y movilidad recreativa se ampliarán de manera permanente.
La medida busca que el disfrute del espacio público no se limite al horario matutino dominical, sino que permita a más meridanos recorrer las calles iluminadas de la ciudad en un ambiente seguro y familiar, aprovechando el clima fresco de la noche.
Conforme avanzaba la mañana, la música de la orquesta juvenil y los aromas de la cochinita y los papadzules de los puestos locales completaban la estampa. Niños aprendiendo a andar en bicicleta sin rueditas, adultos mayores paseando a paso lento y jóvenes en patineta compartían el mismo asfalto que, por unas horas, deja de pertenecer a los motores para entregarse a la comunidad.
A veinte años de aquel primer trazo impulsado por vecinos y autoridades, el Paseo de Montejo demostró este domingo que sigue vivo, adaptándose a los nuevos tiempos y manteniendo intacta su vocación de unir a la ciudad.




