El Gobierno de México, a través de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) firmaron hoy el Marco de Programación de País (MPP) 2026–2031, instrumento que orientará durante los próximos seis años las prioridades, metas y mecanismos de la cooperación técnica y financiera entre ambas partes, con una cartera programática cercana a 140 millones de dólares.
El acuerdo se inscribe en la política exterior de cooperación internacional de México y proyecta hacia el futuro ocho décadas de trabajo conjunto entre el país y la Organización, con el propósito de acelerar la transición hacia sistemas agroalimentarios más eficientes, inclusivos, resilientes y sostenibles.
La firma estuvo a cargo del Subsecretario para Asuntos Multilaterales y Derechos Humanos de la Secretaría de Relaciones Exteriores, Enrique Javier Ochoa Martínez, y de Rene Orellana Halkyer, Subdirector General y Representante Regional de la FAO para América Latina y el Caribe. Al acto asistieron Alejandra del Moral Vela, Directora Ejecutiva de la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AMEXCID); Allegra Baiocchi, Coordinadora Residente del Sistema de las Naciones Unidas en México; Santiago Ruy Sánchez de Orellana, Coordinador de Asuntos Internacionales de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural; así como representantes del Gobierno de México, el Sistema de las Naciones Unidas, la academia, la sociedad civil, el sector privado y los medios de comunicación.
La cooperación entre México y FAO “coincide plenamente con el compromiso del gobierno de México de construir una república rural justa y soberana, lo que implica fortalecer el campo mexicano y lograr la soberanía alimentaria de México, a través del apoyo al sector agrícola y la protección de los derechos de quienes trabajan y viven en el campo”, afirmó el Subsecretario para Asuntos Multilaterales y Derechos Humanos de la Secretaría de Relaciones Exteriores, Enrique Javier Ochoa Martínez.
Orellana Halkyer señaló que el Marco se firma en un momento decisivo. En 2025, el hambre mundial disminuyó por tercer año consecutivo y 43 millones menos de personas la padecieron respecto a 2022. Sin embargo, aproximadamente 645 millones de personas aún padecen hambre y 2 690 millones no pueden costear una dieta saludable.
«El mundo ha logrado aumentar la producción de alimentos, pero producir más ya no es suficiente. Necesitamos producir mejor; asegurar que los alimentos nutritivos sean accesibles; mejorar los ingresos y las condiciones de vida de quienes los producen; y proteger el agua, los suelos, los bosques, los mares y la biodiversidad de los que depende nuestra alimentación», sostuvo el Representante Regional de la FAO. Asimismo, subrayó que el Marco es resultado de un proceso participativo y está alineado con el Plan Nacional de Desarrollo 2025–2030, el Marco de Cooperación de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible 2026–2031 y la Agenda 2030.
México: de potencia agroalimentaria a proveedor de soluciones
México llega a esta nueva etapa con una prevalencia de subalimentación —es decir, hambre— de 3.1 por ciento en el periodo 2023–2025, equivalente a 4.1 millones de personas. Este indicador se redujo desde el 4 por ciento registrado en 2004–2006 y se ubica entre los niveles más bajos de América Latina y el Caribe.
De acuerdo con los datos más recientes de la FAO, la inseguridad alimentaria moderada o grave disminuyó de 24.9 por ciento en 2014–2016 a 16.5 por ciento en 2023–2025, lo que significa que, en aproximadamente una década, 8.6 millones de personas dejaron de encontrarse en esa condición. Estos avances conviven, sin embargo, con brechas territoriales y sociales: millones de personas aún enfrentan dificultades para acceder a una alimentación saludable, así como desigualdades en el acceso al agua, la asistencia técnica, la tecnología, el financiamiento y los mercados.
México es, además, una potencia agroalimentaria, un país megadiverso y uno de los principales centros mundiales de origen y diversificación de cultivos. Cuenta con ciencia, instituciones, capacidad productiva, agricultura familiar, ejidos y comunidades, pueblos indígenas y afromexicanos, así como con un patrimonio biocultural de enorme valor. Por ello, el MPP reconoce al país no solo como receptor de cooperación, sino como socio capaz de compartir políticas públicas, tecnologías y experiencias mediante la cooperación Sur–Sur y triangular, coordinada entre la FAO, la SRE y la AMEXCID.
A quiénes beneficia y cómo se organiza el Marco
El Marco organiza la cooperación en tres dimensiones (personas, prosperidad y planeta) y se articula con las cuatro mejoras globales de la FAO. Una mejor producción busca elevar la productividad y la sostenibilidad y ampliar el acceso a financiamiento, tecnología y mercados; una mejor nutrición impulsa entornos alimentarios más saludables, compras públicas y cadenas cortas de comercialización; un mejor medio ambiente promueve la gestión sostenible del agua, los suelos, los bosques y la pesca; y una vida mejor dirige protección social, igualdad de género e inclusión productiva hacia los territorios rurales. Sus beneficios se concentran, en particular, en pequeños productores, mujeres rurales, juventudes, personas jornaleras y pueblos y comunidades indígenas y afromexicanas.
El Marco mantendrá durante su implementación el carácter participativo de su formulación, con un mecanismo de seguimiento conjunto entre el Gobierno de México, a través de la SRE, la SADER y AMEXCID, y la FAO.
Una cartera cercana a 140 millones de dólares
Los seis bloques de resultados del MPP representan una cartera programática cercana a 140 millones de dólares para 2026–2031, de los cuales aproximadamente 54 millones ya cuentan con recursos identificados y deberán movilizarse 86 millones adicionales mediante cooperación internacional, fondos climáticos y ambientales, recursos nacionales, banca de desarrollo y alianzas responsables con el sector privado. La FAO aportará capacidad técnica, conocimiento especializado, presencia territorial y acceso a mecanismos internacionales de financiamiento, en coordinación con el liderazgo del Gobierno de México.
«La firma de este Marco une esas capacidades alrededor de una ambición común: convertir la transformación de los sistemas agroalimentarios en resultados visibles para las personas y los territorios», afirmó Orellana Halkyer. «La FAO reafirma hoy su compromiso con México. Estamos preparados para transformar esta hoja de ruta en políticas más sólidas, inversiones de mayor escala y soluciones que lleguen a quienes producen nuestros alimentos y protegen nuestros recursos naturales».




