Madero tuvo momento “reprobable e incongruente”; “puso en entredicho su buena fe”: AMLO



Si un personaje en la historia de México ha sido ejemplo y orgullo para el actual presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, sin duda es al llamado “Apóstol de la democracia”, Francisco I. Madero.

Pero por primera vez a lo largo de su trayectoria política, López Obrador se atrevió a descalificar y reprobar a Madero por permitir “un suceso brutal y vergonzoso” al “encubrir” la ejecución de un seguidor de Emiliano Zapata.

Lo hizo justo en el marco de los festejos de los 200 años de Independencia de México, efectuados en el municipio de Iguala, Guerrero y ante la presencia del presidente de Argentina, Alberto Fernández y frente a soldados y marinos mexicanos.

Fue al pie del Asta Bandera. Y lo hizo de la siguiente manera:

“No se ha escrito todavía la historia de la represión en México, pero, sin duda, sería un relato sumamente cruel e inhumano. Nuestro pueblo en especial, sus comunidades indígenas y afromexicanas han padecido exterminio, esclavitud, cepos, azotes, encierros, deportaciones, destierros, desapariciones, fusilamientos, despojos y muchas otras formas de represión.

“Aquí en Iguala, por ejemplo, el representante de Vicente Guerrero, para iniciar las pláticas y acordar con Iturbide, fue el coronel José Figueroa, quien además era tesorero de las tropas insurgentes del sur; pero durante la Revolución uno de sus descendientes, el gobernador Ambrosio Figueroa, protagonizó un suceso brutal y vergonzoso que puso entredicho la buena fe del presidente Francisco I. Madero.

“Aquí en Iguala el 14 de febrero de 1912 fue asesinado arteramente el dirigente opositor Salustio Carrasco Núñez. Su fusilamiento se llevó a cabo en las afueras de Iguala y su cuerpo quedó abandonado frente el panteón. Las cavidades de los ojos las tenía vacías porque en ellos se le dio el tiro de gracia.

“En una carta enviada a Madero el 17 de febrero de 1912, el general Ambrosio Figueroa confiesa su crimen con singular cinismo. Empieza diciéndole que había ordenado la ejecución de un tinterillo llamado Salustio Carrasco Núñez, el día 14 de los corrientes, y explica su felonía con un cruel relato: reconoce que dicho individuo ciertamente no había tomado las armas en contra del gobierno, pero eso sí -dice el gobernador de ese entonces- ‘predicaba de un modo desembozado la rebelión diaria y públicamente’, decía que el gobierno actual era un gobierno ilegítimo y otras necedades por el estilo.

“Que Zapata triunfaría, decía Carrasco, y entonces se implantaría un gobierno sólido y duradero. Era, en fin, un hombre, sostiene el gobernador, ‘altamente nocivo, tanto por sus doctrinas anarquistas, que mucho influía en el ánimo de los incautos, como porque se había convertido en perturbador terrible del actual gobierno y en agente secreto del zapatismo al que buscaba diariamente adeptos’.

“Dice: ‘Quizá en el procedimiento contra el expresado haya habido alguna irregularidad no se llenaron debidamente los requisitos que establece la ley sobre suspensión de garantía, pero yo estoy resuelto a hacer la paz en este estado, a costa de sangre y de cuanto sea necesario, pues conceptúo -sigue diciendo- que, ajustándonos por completo a procedimientos rutinarios, muchos de los culpables, si se quiere, los más peligrosos, podrían fácilmente escapar al castigo que justamente merecen y de esta manera nunca terminaremos’.

‘He querido poner todo lo anterior en el superior conocimiento de usted -le dice a Madero- a fin de que no se vaya a tratar de sorprenderlo. Lo mismo para que usted con su poderosa influencia, si fuese necesario, haga cesar el escándalo que tiende a ser muy grande por la ejecución a que me he referido y a la que quizá no tarde, tenga que seguir otras de no menos significación, pues estoy sobre la pista de una conspiración que parece se tramaba en esta, en Iguala teniendo por jefe al expresado Carrasco.’

“Hasta aquí la carta. La actitud de Madero frente a este caso es por entero reprobable y contraria a sus convicciones humanitarias. El 17 de febrero de 1912 le escribe al gobernador de Guerrero, pero solo para lamentar que el fusilamiento -cito textualmente- ‘no haya cumplido con todos los requisitos legales, al mismo tiempo que lo justifica, pues, subrayo y entrecomillas, ‘comprende su actuación’ y le informa que fueron a verlo un grupo de guerrerenses y que procurará arreglar el asunto también, lo digo textualmente, ‘de modo conveniente’.

“Este encubrimiento a todas las luces cuestionable es de los pocos actos de incongruencia de Madero. Sin restarle responsabilidad debe tomarse en cuenta que ya vivía asediado y sometido a fuertes presiones. La prensa porfirista, que dejó de recibir dinero de gobierno tras la caída de la dictadura, mantenía en su contra una permanente campaña de linchamiento político, pero sobre todo el presidente se había distanciado de los campesinos y del pueblo raso, se encontraba prácticamente solo, dependiendo de militares, de oligarcas y de caciques, que poco o nada ayudaban a la causa de la Revolución y que más tarde terminaron asesinándolo de manera infame.

“Es probable que Madero no hubiese deseado contar con los servicios de los Figueroa, en Guerrero, o de Huerta, a escala nacional, pero no tenía otra opción en el terreno militar, tenía muy pocos hombres…”, puntualizó López Obrador.

 

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