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La Procesión del Cristo Negro en el Mar de Sisal



Por Ek Xib Yaotecátl

Sisal Puerto, Yucatán.- El salitre y el olor a copal se mezclan en el aire cada mes de octubre en las calles de Sisal, Yucatán. A las seis de la mañana, cuando el Sol apenas empieza a teñir de tonos dorados las aguas tranquilas del Golfo de México, el puerto no duerme: se prepara para recibir a su protector, el Cristo Negro de San Roman (o Señor de San Román), una efigie que guarda la memoria de los hombres del mar.

La tradición se remonta a varios siglos atrás. Según los relatos locales transmitidos entre generaciones de pescadores, la devoción al Cristo Negro llegó a las costas yucatecas en el siglo XVI procedente de Campeche, extendiéndose rápidamente por los pueblos costeros. En Sisal, un antiguo puerto comercial de vital importancia colonial, la imagen adoptó un significado único: el protector contra los huracanes, las marejadas y las malas rachas en la pesca.

Cada año, la fiesta patronal reúne a locales y visitantes en un ritual donde la fe católica se entrelaza con el arraigo identitario del pueblo sisaleño.

El punto cumbre de la festividad es la procesión marítima. Decenas de lanchas pesqueras, adornadas con globos, banderas multicolor y palmas, se abarrotan en el muelle.

La efigie del Cristo Negro es llevada en hombros desde la capilla hasta el puerto entre cantos, música de charanga y el estruendo de los voladores (cohetes).

Con sumo cuidado, los pescadores suben la escultura a la embarcación principal, designada meses antes por la gremial de lancheros.

Una caravana de más de cincuenta lanchas acompaña a la imagen mar adentro. Los motores rugen al unísono mientras los devotos arrojan flores a las olas para bendecir las aguas y pedir protección para las próximas temporadas de pesca.

Al desembarcar, la procesión continúa a pie por las calles de arena de Sisal hasta llegar al centro del pueblo, donde continúan los gremios, las vaquerías tradicionales y la convivencia comunitaria. Para el habitante de Sisal, el Cristo Negro no es solo un símbolo religioso: es el guardián de su sustento y el testigo de su historia junto al mar.

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