La deforestación y la presión antrópica asestan un duro golpe a los ecosistemas costeros del país. En los últimos cinco años, México registró la pérdida de 27 mil 622 hectáreas de manglar, de acuerdo con los más recientes reportes de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio). La Península de Yucatán se ubica como la zona con el impacto más severo de todo el territorio nacional.
Las mediciones oficiales revelan que la cobertura nacional de esta vegetación pasó de 905 mil 86 hectáreas registradas en 2020 a 877 mil 464 hectáreas en 2025. Los principales impulsores de esta degradación son el avance acelerado de los desarrollos inmobiliarios, la realización de desmontes irregulares y la expansión de actividades como la agricultura y la acuacultura.
La pérdida de estas superficies resulta crítica debido a que los manglares funcionan como barreras de protección natural frente a fenómenos meteorológicos extremos como huracanes, marejadas de tormenta e inundaciones —mismos que prevén un incremento en su intensidad por el impacto del fenómeno de El Niño—. Asimismo, constituyen un refugio vital para la reproducción y crianza de diversas especies marinas y de aves de valor comercial y ecológico.
Pese a esta importante reducción, México mantiene una posición estratégica en la conservación marina global. El país ocupa el cuarto lugar mundial en extensión de ecosistemas costeros al albergar el 6 por ciento del total del planeta, situándose únicamente por detrás de Indonesia (19%), Australia (9%) y Brasil (7%).
Actualmente, las distintas especies de manglar se extienden sobre el 0.4 por ciento de la superficie del territorio nacional y tienen presencia a lo largo de los 17 estados costeros de la República Mexicana, siendo la Península de Yucatán el epicentro donde las alertas ambientales se mantienen encendidas para frenar el cambio de uso de suelo.




