Bajo el dosel verde del sur de Mérida, donde el ruido de la ciudad comienza a ceder ante el susurro de la vegetación, el Parque Ecológico Metropolitano Yumtsil inició hoy una nueva etapa en su historia. No fue un evento político más; fue el protocolo de una esperanza alada.
La mañana transcurría entre senderos cuando la Secretaría de Desarrollo Sustentable (SDS) y la asociación civil Proyecto Santa María formalizaron un pacto que devuelve el propósito original a este espacio: la entrega en comodato de la Unidad de Manejo Ambiental (UMA) para el rescate y rehabilitación de aves silvestres.
Un hogar entre jaulas y selva
El ambiente en el Parque Yumtsil es ahora de actividad constante. Las instalaciones, que incluyen jaulas de vuelo, cuartos de manejo especializado y amplias áreas verdes, lucen renovadas tras el mantenimiento previo realizado por la autoridad estatal. Aquí, loros y guacamayas que han sufrido el cautiverio o accidentes encontrarán la paz necesaria para sanar.
Durante la firma del permiso de ocupación, Neyra Concepción Silva Rosado, titular de la SDS, observaba el entorno con satisfacción. Para ella, este acto no solo es una entrega administrativa, sino el cumplimiento de un plan para “dar vida a un espacio concebido para el aprendizaje”. A su lado, José Pierre Medina Arjona, de Proyecto Santa María, recibía las llaves de un sitio que se convertirá en el hospital y la escuela de vuelo de especies nativas.
De la rehabilitación a la reinserción
El corazón de esta crónica no está en el papel firmado, sino en lo que sucederá dentro de esos cuartos de manejo. Medina Arjona explicó con pasión técnica que este sitio permitirá un control ambiental y seguimiento permanente para aves que requieren atención individualizada. Algunas volverán a surcar los cielos de Yucatán tras su rehabilitación; otras, las que la crueldad humana o el destino dejaron incapacitadas para la vida silvestre, encontrarán en Yumtsil un refugio digno donde vivirán bajo cuidados especializados.
Por su parte, Salvador Canul Dzul, representante de la SEMARNAT, caminaba por los senderos destacando un punto vital: la cercanía de la biodiversidad con los habitantes del sur de Mérida. La alianza busca que las familias no solo vean árboles, sino que comprendan la fragilidad y belleza de la fauna que aún habita en la mancha urbana.
Un aula viva para Mérida
A partir de hoy, la operación del área queda en manos expertas. Los visitantes que recorran los caminos del parque podrán ser testigos responsables de este esfuerzo de conservación. La meta es clara: fomentar una convivencia informada. Que el niño que hoy ve a una guacamaya recuperarse, sea el adulto que mañana proteja su hábitat.
El acto concluyó con un recorrido por las instalaciones. Mientras las autoridades se retiraban, el silencio del parque parecía anticipar los futuros graznidos y aleteos de quienes, gracias a esta alianza entre gobierno y sociedad civil, tendrán una segunda oportunidad. En el Parque Yumtsil, el futuro de las aves yucatecas parece, finalmente, haber encontrado un nido seguro.





