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Niñez de Casa Otoch toca el cielo con sus manos



Mérida, Yucatán – El rugido de los motores y la imponente figura de las aeronaves transformaron una mañana ordinaria en una aventura inolvidable para 52 adolescentes de Casa Otoch. En el marco del Mes de la Niña y el Niño, la 17ª Zona Aérea Militar abrió sus puertas para recibir a estos jóvenes, quienes cambiaron la rutina del resguardo por la posibilidad de tocar el cielo con las manos.

Desde el momento en que cruzaron el umbral de la base, el entusiasmo era palpable. Las miradas de las 25 mujeres y 27 hombres presentes se perdían en la inmensidad de las pistas y la precisión de la maquinaria. No era solo un paseo; era el descubrimiento de un mundo de disciplina y tecnología que, hasta hace poco, parecía existir solo en las películas.

Guiados por expertos uniformados, los adolescentes exploraron cada rincón de la zona aérea. El itinerario no dejó lugar al aburrimiento, ya que los jóvenes escucharon con atención lo que se siente estar al mando de una aeronave.

También descubrieron la magia detrás del control de vuelo y la precisión necesaria para mantener el orden en las alturas. Entre herramientas y fuselajes, conocieron el corazón de los aviones y la importancia de cada engranaje.

Esta primera colaboración histórica entre Casa Otoch y las fuerzas aéreas permitió que los jóvenes no solo observaran, sino que se proyectaran en esas profesiones. Entre preguntas curiosas y sonrisas de asombro, el mensaje quedó claro: el futuro no tiene límites si se tiene la formación adecuada.

“Brindar este tipo de experiencias es parte de nuestro compromiso de avanzar con amor. Queremos generar espacios que fortalezcan la autoestima y los sueños de quienes forman parte de Casa Otoch”, expresó Wendy Méndez Naal, Presidenta Honoraria del DIF Yucatán, quien encabezó la visita.

La actividad, impulsada en conjunto con el Gobernador Joaquín Díaz Mena, busca que los adolescentes bajo resguardo institucional amplíen su visión académica y profesional. Al ver de cerca las especialidades militares, los chicos de Casa Otoch regresaron con algo más que fotos: se llevaron la certeza de que existen rutas de vida distintas y emocionantes.

Al finalizar la jornada, el ambiente en el transporte de regreso era distinto. El bullicio ya no era solo por la salida, sino por el debate sobre quién sería piloto o quién preferiría reparar turbinas. Con acciones como esta, el DIF Yucatán no solo cumple con una agenda festiva, sino que construye puentes directos hacia un proyecto de vida sólido, demostrando que, para estos jóvenes, el horizonte ahora es mucho más amplio.

 

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