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La tigresa blanca llega a “Balam Balam”



El aire en el Zoológico del Centenario tenía un matiz distinto. Entre el habitual sonido del viento en los árboles y el despertar de la fauna, se respiraba una mezcla de nostalgia y deber cumplido. Una tigresa blanca, nacida y criada entre estos muros hasta alcanzar la plenitud de su vida adulta, se preparaba para cambiar de código postal, pero no de misión: la conservación de su propia existencia.

El traslado de este ejemplar hacia el Felinario “Balam Balam” en el Parque Animaya no fue un simple movimiento logístico; fue una operación de precisión quirúrgica y profunda humanidad.

“Cada segundo era importante”, relata Antonio Ávila, parte del equipo técnico que no despegó la vista de la felina. Mientras uno de los especialistas administraba oxígeno directamente a las fosas nasales, otro contaba cada respiración. No solo se trasladaba a un gran depredador; se movilizaba el patrimonio biológico de una ciudad.

Sandra Bautista, encargada del área técnica y quien vio crecer a la tigresa desde sus primeros días, no ocultó la emoción:

“Sí, nos da un poquito de nostalgia verla partir, pero sabemos que estará en buenas manos. Aquí lo que hacemos es preservar especies y garantizarles calidad de vida”.

Al llegar a Animaya, el panorama cambió. La tigresa ahora habita en una de las joyas de la corona de la administración municipal: el Felinario inaugurado en 2025. Este espacio no es solo una exhibición; es un búnker de bienestar con hondonadas, áreas verdes y casas de noche diseñadas bajo los más altos estándares internacionales.

El objetivo es claro y ambicioso: la integración con un ejemplar macho de bengala. Bajo estricta supervisión profesional, se busca que esta pareja no solo conviva, sino que eventualmente contribuya a la reproducción de una especie en peligro.

Para la alcaldesa Cecilia Patrón, este evento reafirma que gobernar en 2026 implica una responsabilidad ética con los seres sintientes. “En Mérida avanzamos con responsabilidad, ciencia y corazón”, afirmó la presidenta, subrayando que los centros Animaya y Centenario han consolidado a la ciudad como un referente nacional en bienestar animal.

Por su parte, Felipe Pacheco Sansores, responsable de ambos centros, destacó la calidad del equipo profesional que respalda estos resultados:

La historia de la tigresa blanca es, en última instancia, una invitación. El Ayuntamiento de Mérida busca que estos parques dejen de ser vistos solo como centros de recreo para ser entendidos como Unidades de Manejo y Aprovechamiento de la Vida Silvestre (UMA) fundamentales para el futuro sostenible de la región.

El viaje ha terminado, pero la vida en “Balam Balam” apenas comienza para la nueva residente. Mérida observa, cuida y espera que, en un futuro cercano, el rugido de la conservación se multiplique.

 

 

 

 

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