El aire en Casa Otoch se sentía distinto esta mañana. No era solo el bullicio habitual de un centro de asistencia; había una electricidad suave, una mezcla de nerviosismo contenido y una esperanza que se desbordaba en cada rincón. Hoy, las paredes del Centro de Asistencia Social fueron testigos de lo que muchos llaman el “milagro de la familia”: el primer contacto físico entre tres niñas y un niño con quienes aspiran a convertirse en sus padres.
La jornada, cargada de un profundo sentido humano, marcó el inicio de una nueva historia para estos pequeños. Bajo la mirada atenta y cálida de la Wendy Méndez Naal, Presidenta Honoraria del DIF Yucatán, el protocolo cedió el paso a la emoción pura.
“Decidieron abrir su corazón para formar una nueva familia”, expresó la Maestra Méndez Naal al dar inicio a los encuentros. Sus palabras no fueron solo un saludo oficial, sino el reconocimiento a un camino de paciencia y compromiso que las parejas solicitantes han recorrido.
El ambiente se transformó en un escenario de convivencia libre y segura. En una de las salas, un bebé de apenas seis meses de edad sostenía la mirada —y quizás el futuro— de quienes sueñan con arrullarlo cada noche. En otros espacios, tres niñas exploraban el terreno de la confianza a través del juego y la charla espontánea.
No hubo prisas. El personal especializado se aseguró de que el tiempo se detuviera para que los vínculos comenzaran a tejerse de manera natural, entre risas compartidas y actividades cotidianas que, para estos niños, representan la puerta a un derecho fundamental: vivir en familia.
Aunque el objetivo final es la adopción, el espíritu de hoy fue el de la reconciliación con la ternura. Las autoridades fueron enfáticas: en esta etapa no se habla de trámites, se habla de sentimientos. La prioridad absoluta fue la comodidad y la seguridad emocional de los menores, permitiendo que cada risa y cada gesto de acercamiento surgiera de forma gradual.
“Abrir el corazón implica también asumir una gran responsabilidad; la de acompañar con respeto los tiempos de la infancia”, señaló Méndez Naal, quien permaneció presente, validando cada interacción.
Este evento no es un hecho aislado, sino el reflejo de una política pública impulsada por la administración del Gobernador Joaquín Díaz Mena, quien ha subrayado que el calor de un hogar no debe ser un privilegio, sino una realidad garantizada.
Con el respaldo técnico de la Procuraduría de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes (PRODENNAY) y la dirección de Casa Otoch, el proceso avanza con rigor legal, pero sobre todo, con un sentido ético que pone al niño en el centro de todo el universo institucional.
Al caer la tarde, el silencio regresó a los pasillos de Casa Otoch, pero la atmósfera quedó impregnada de una promesa silenciosa. Para tres niñas y un niño, el camino hacia un hogar definitivo ya ha comenzado, trazado con la sencillez de un juego y la fuerza de un amor que apenas empieza a conocerse.




