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Mincho murió sin llegar al santuario: su caso deja pendiente la protección de los delfines

FOTO: salvemosalosdelfines.org

  • El delfín falleció en Cancún mientras se evaluaba su reubicación. Su caso, marcado por un accidente y faltas documentadas por Profepa, dio nombre a una campaña que acompañó la reforma para proteger a los mamíferos marinos. 

    POR: REGINA VÁZQUEZ GARGALLO

Mincho no llegó al santuario. El delfín cuya historia se convirtió en símbolo del rechazo al maltrato de mamíferos marinos murió en Cancún, mientras su enfermedad avanzaba y la posibilidad de trasladarlo permanecía sujeta a evaluaciones. Su nombre quedó asociado a una reforma legal, pero el cambio de condiciones que se buscaba para él no alcanzó a concretarse.

Dolphin Discovery atribuyó el fallecimiento a complicaciones de un tumor maligno. Según la empresa, el ejemplar recibió atención veterinaria especializada y, ante la falta de un tratamiento curativo, cuidados paliativos. En sus últimas horas presentó un deterioro repentino que el equipo médico no consiguió revertir.

La Procuraduría Federal de Protección al Ambiente confirmó que recibió la notificación de Dolphin Connection Cancún y ordenó una necropsia y estudios complementarios para determinar las causas precisas y las circunstancias del deceso. Mientras la compañía señaló que Mincho tenía 36 años, la dependencia lo identificó como un ejemplar de 37.

Su historia había adquirido notoriedad por un episodio ocurrido años antes. El 28 de noviembre de 2020, durante una acrobacia en Dolphinaris Barceló, en la Riviera Maya, Mincho se golpeó contra una plancha de concreto fuera del agua. El incidente no fue reportado a la autoridad ambiental, según documentó posteriormente Profepa.

El veterinario indicó 15 días de reposo. Mincho volvió a las actividades apenas dos días después.

La difusión del video en 2025 llevó el caso a la discusión pública. La investigación encontró acrobacias no autorizadas, participación de ejemplares en tratamiento médico sin aprobación veterinaria, exceso de personas en las interacciones y omisiones en las evaluaciones periódicas de salud. En mayo, Profepa impuso la clausura total definitiva del recinto y una multa de 7 millones 526 mil 240 pesos. También presentó una denuncia ante la Fiscalía General de la República.

El caso dio nombre a la campaña #LeyMincho. Sus promotores reclamaron prohibir la reproducción de delfines en cautiverio y la apertura de nuevos delfinarios, eliminar el contacto con visitantes y mejorar los mecanismos de identificación y seguimiento de los ejemplares. También propusieron crear santuarios donde los animales pudieran recibir cuidados durante el resto de su vida.

Las demandas acompañaron el debate sobre la explotación de mamíferos marinos en actividades turísticas. La reforma a la Ley General de Vida Silvestre fue publicada el 16 de julio de 2025 y entró en vigor al día siguiente, con restricciones a su reproducción, posesión y utilización, además de nuevas disposiciones sobre las instalaciones donde permanecen.

El decreto, sin embargo, no ordenó la desaparición inmediata de todos los delfinarios. Sus artículos transitorios permitieron continuar determinadas actividades previamente autorizadas, bajo nuevas condiciones, y establecieron obligaciones de reubicación para cetáceos. Prohibieron prácticas como montar a los ejemplares, nadar sujetos de sus aletas o utilizarlos para empujar a participantes con los pies.

Mientras esa transición avanzaba, Mincho permanecía en Cancún. En un informe del 1 de octubre de 2026, Profepa recordó que había clausurado temporalmente Dolphin Connection Cancún y asegurado nueve delfines un año antes, tras detectar irregularidades como agua turbia y deficiencias de limpieza.

La autoridad reportó mejoras posteriores en la calidad del agua, el mantenimiento y la atención veterinaria. Aclaró que esas correcciones no eliminaban las posibles responsabilidades por los incumplimientos detectados y que el procedimiento administrativo continuaba abierto.

La reubicación dependía también del estado de cada animal. Según ese informe, tres de los nueve delfines difícilmente podían ser candidatos a un traslado por los riesgos para su salud; para los otros seis, la posibilidad seguía en evaluación. No se trataba de una operación general autorizada ni inmediata.

Mincho murió en medio de ese proceso. La necropsia deberá esclarecer su fallecimiento; el accidente de 2020 y las irregularidades documentadas forman parte de sus antecedentes, pero no sustituyen el dictamen sobre la causa de muerte.

Su historia deja una obligación que continúa más allá del símbolo. La protección de los mamíferos marinos requiere que las restricciones legales se traduzcan en atención veterinaria, condiciones adecuadas y decisiones verificables sobre su futuro. Para los delfines que permanecen en el recinto, el cumplimiento de esa tarea sigue pendiente de resultados.

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