Para la mayoría, el ruido de los motores en la Base Aérea Militar No. 8 es parte de la rutina diaria. Pero para G.C.S., un adolescente de 11 años, ese estruendo fue la banda sonora del día en que dejó de mirar hacia arriba para empezar a tocar las nubes.
Hace tres años que G.C.S. llegó a Casa Otoch.
Desde entonces, entre las paredes de su hogar bajo la tutela del Estado, alimentaba un deseo persistente: el de volar. En el marco del mes de la niñez, ese anhelo aterrizó en la realidad gracias a una iniciativa del DIF Yucatán.
La jornada comenzó temprano, con el sol apenas despuntando sobre la pista. G.C.S. no llegó como un visitante más; fue recibido con los honores que merece un miembro de la fuerza aérea.
Tras un desayuno compartido con el personal militar —quienes cambiaron la rigidez del protocolo por sonrisas de complicidad—, el momento cumbre llegó en una ceremonia cargada de simbolismo.
Frente a la mirada atenta de los oficiales, le fueron otorgadas sus alas de piloto aviador por un día. El distintivo, prendido en su pecho, no era solo un accesorio; era la validación de que sus sueños tienen permiso para despegar.
Acompañado por el General Ernesto Velázquez Montoya, comandante interino de la base, el pequeño protagonista recorrió el corazón de las operaciones aéreas.
Sus manos, que tantas veces habían dibujado aviones en papel, pudieron finalmente tocar el fuselaje frío y sentir la complejidad de los controles en una cabina real.
El punto más emocionante de la mañana ocurrió cuando G.C.S. subió a un helicóptero. Desde el asiento del mando, el mundo se veía distinto. Ya no era el niño que observaba desde lejos; era el piloto que entendía, por fin, cómo se siente dominar el viento.
“Estas acciones reflejan una visión que pone en el centro a las infancias. Cada niño tiene el derecho de imaginar un futuro distinto”, señaló Wendy Méndez Naal, Presidenta Honoraria del DIF Yucatán, quien impulsó esta experiencia inédita.
Esta actividad forma parte de una estrategia del Gobierno del Estado, encabezado por Joaquín Díaz Mena, que busca algo más profundo que el entretenimiento: fortalecer la autoestima y el bienestar emocional de quienes viven en Casa Otoch.
Para G.C.S., el día terminó, pero el vuelo apenas comienza. Al regresar a su hogar, no solo llevó consigo un par de alas metálicas, sino la certeza de que los muros no son límites para quien decide mirar al cielo.
En Yucatán, este abril, se ha demostrado que cumplir un sueño es la herramienta más poderosa para transformar una vida.




