InicioNacionalSheinbaum, entre regaños y desplantes

Sheinbaum, entre regaños y desplantes



Por Ek Xib Yaotecátl

El sol de mediodía caía a plomo sobre San José Chiapa, pero el calor ambiental no era nada comparado con la temperatura política que se respiraba en el mitin.

Lo que debía ser una entrega más de programas sociales y anuncios de infraestructura se convirtió en el escenario de un choque directo entre el Poder Ejecutivo y un sector de la población civil que, pancarta en mano, decidió que no se quedaría callado.

Desde temprano, un grupo de pobladores locales se apostó frente al templete. Su reclamo era claro: la oposición radical a la instalación de una planta recicladora en la zona.

Para ellos, no es progreso, es contaminación. Los gritos de “¡No a la recicladora!” comenzaron como un murmullo que acompañaba el discurso oficial, pero para cuando la Presidenta tomó el micrófono, el clamor ya era un estruendo que amenazaba con descarrilar el evento.

La mandataria, lejos de ignorar el ruido o apresurar su salida, optó por la confrontación directa, marcando una línea de autoridad que recordó a propios y extraños el estilo de mando de la llamada Cuarta Transformación.

El regaño: “¡Me van a escuchar!”

La interrupción constante agotó la paciencia presidencial. En un momento de tensión eléctrica, la Presidenta interrumpió su lectura y clavó la mirada en el sector de los manifestantes.

“A ver, un momento. ¡Me van a escuchar!”, sentenció con voz firme, mientras los operadores políticos en el templete intercambiaban miradas nerviosas. “Aquí no venimos a gritar, venimos a construir. Tienen derecho a protestar, pero no a impedir que los demás escuchen los beneficios que trae el Gobierno”.

El regaño caló.

Por unos segundos, el silencio fue absoluto en la plaza. La Presidenta no se detuvo ahí; cuestionó la legitimidad de la protesta, sugiriendo que, tras los reclamos genuinos, siempre acechan intereses políticos que buscan desestabilizar.

La sentencia: “Pésele a quien le pese”

Fue hacia el final de su intervención cuando soltó la frase que ya resuena en las redacciones nacionales y redes sociales.

Con el índice en alto y frente a un auditorio dividido entre los aplausos de sus simpatizantes y el ceño fruncido de los inconformes, la mandataria lanzó el desafío:

“Gobernamos así, pésele a quien le pese. Este es el camino que el pueblo eligió y no nos vamos a desviar por unos cuantos gritos.”

La declaración no fue un error de cálculo, sino un mensaje político deliberado.

Al decir “así gobernamos”, la Presidenta reafirmó que el rumbo de sus proyectos —incluida la polémica recicladora— no está sujeto a negociación en plazas públicas.

El cierre de una jornada tensa

Al terminar el evento, la comitiva presidencial abandonó el lugar rápidamente. En San José Chiapa, las pancartas de cartón quedaron dobladas en el suelo, pero el eco de la advertencia seguía flotando.

Para los seguidores de la mandataria, fue una muestra de carácter y liderazgo. Para los manifestantes, fue la confirmación de una puerta cerrada al diálogo. Lo cierto es que, tras lo ocurrido en Puebla, el Gobierno ha dejado claro que la cortesía política no está por encima de la ejecución de su proyecto, y que la crítica, aunque sea a gritos, se topará con una pared de hierro.

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