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Mérida sigue de fiesta con su Ciudad Carnaval



Bajo un cielo que parecía rendirse ante el despliegue de hilos y encajes, la capital yucateca vivió este lunes una de sus jornadas más emotivas. No fue solo un desfile; fue una declaración de identidad. Más de 40 mil almas se congregaron en Ciudad Carnaval para ser testigos del Lunes Regional, el día en que el “Circo” cedió su pista a la elegancia del terno y la pulcritud de la guayabera.

El derrotero, una arteria de color y orgullo, fue encabezado por la alcaldesa Cecilia Patrón Laviada, quien junto a su hija María Sofía, caminó entre la multitud no solo como autoridad, sino como una meridana más cautivada por sus raíces. “Es el día en que nos hacemos distintos y distinguibles”, afirmó la presidenta municipal, subrayando que en cada zapateo no solo hay ritmo, sino un tejido de paz social e identidad comunitaria.

Durante dos horas, el tiempo pareció detenerse. El desfile fue una coreografía monumental donde el talento local fue el protagonista. En el Centro Municipal de Danza, 300 alumnos transformaron el pavimento en una duela de exhibición, ejecutando jaranas clásicas como “Nicté-Ha” y “Las Mujeres que se pintan”.

La creatividad yucateca brilló con una representación de la corrida de vaquillas, donde caballos de cartón y un “torito” de luces bailaron al compás del 6×8. Y el misticismo maya se hizo presente con el sonido del tunkul, mientras que los “reyes caninos”, ataviados con hipiles diminutos, robaron las sonrisas de los asistentes.

La noche no solo perteneció a la tradición centenaria. La modernidad y el espectáculo internacional se fundieron en la celebración con la presencia de Marlene Favela y Caín Guzmán, quienes inyectaron una dosis de energía contemporánea al desfile regional.

Mientras la Gran Vaquería cerraba la jornada en un estallido de júbilo y “bulla”, a unos metros de distancia, el Centro de Espectáculos Montejo vibraba con un contraste absoluto: el rapero Alemán convocaba a 15 mil personas, demostrando que en el Mérida de 2026, la herencia de los abuelos y la cultura actual conviven en perfecta armonía.

Al final, cuando el eco de las alpargatas se disipó, quedó claro que el Carnaval de Mérida es mucho más que una fiesta; es el recordatorio anual de que, aunque el mundo cambie, el corazón de esta ciudad sigue latiendo al ritmo de la jarana.

 

 

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