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Alvaro Delgado y Alejandro Páez sacuden al Siglo XXI en el marco de la Filey



Por Rodolfo Montes

MÉRIDA, Yucatán. – Hay tardes en las que el papel y la tinta cobran una fuerza magnética que desafía las leyes de la logística. Este domingo, la 14.ª Feria Internacional de la Lectura Yucatán (Filey) dejó de ser un tranquilo recinto de exhibición para convertirse en el epicentro de un fenómeno que poco envidió al fervor de un concierto de rock: la presentación de Álvaro Delgado y Alejandro Páez Varela.

Los autores no solo llegaron a Mérida para hablar de su libro, La Disputa por México; llegaron para confirmar que el periodismo de análisis es, hoy más que nunca, un imán de conciencias.

El rugido de la expectativa

Mucho antes de que el reloj marcara la hora señalada, el salón principal del Centro de Convenciones Siglo XXI ya sufría por “estirar sus costuras”. Una fila serpenteante, integrada por un mosaico de estudiantes, académicos y ciudadanos de a pie, inundaba los pasillos adyacentes. El murmullo era eléctrico.

Cuando los conductores del programa Los Periodistas subieron al estrado, el recibimiento fue una explosión: un aplauso cerrado y unánime que hizo vibrar la estructura del inmueble. No era un saludo protocolario, era el reconocimiento a una labor que ha redefinido la mesa de análisis en el país.

Entre el rigor y la ironía

Con esa dualidad que los caracteriza —el rigor documental de quien escudriña expedientes y la ironía punzante que desarma discursos—, Delgado y Páez Varela desmenuzaron los entresijos de su obra. La charla fue todo menos acartonada; se transformó en un diálogo circular donde el público dejó de ser espectador para sentirse protagonista de la narrativa nacional.

  • La memoria como escudo: Páez Varela insistió en que recordar es un acto de resistencia. “La lectura es el último refugio del pensamiento crítico”, sentenció ante una audiencia que asentía en silencio cómplice.

  • La disección del poder: Con su habitual agudeza, Álvaro Delgado diseccionó los hilos del poder, provocando silencios sepulcrales durante las revelaciones más crudas, interrumpidos solo por risas ante sus dardos retóricos.

Un maratón de tinta y afecto

Si la presentación fue intensa, lo que siguió fue histórico. Lo que suele ser una firma de libros de trámite se convirtió en una jornada de resistencia y afecto. Al menos 500 personas se mantuvieron firmes en su lugar para obtener la rúbrica de los periodistas.

Páez Varela y Delgado, con una paciencia inagotable, no solo firmaron ejemplares; escucharon quejas, recibieron abrazos y posaron para centenares de fotografías. Para los asistentes, ese autógrafo no era una simple firma sobre papel, sino la validación de un vínculo construido por años a través de pantallas y micrófonos.

La jornada cerró con una certeza: en tiempos de posverdad, el periodismo de investigación sigue siendo un motor capaz de movilizar masas y llenar auditorios hasta el último rincón. La Filey, una vez más, se consolidó como el gran faro literario del sureste mexicano.

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