En la espesura del monte maya, el canto de las alas se apaga a ritmo acelerado.
Lo que durante décadas pareció un comercio local de captura fortuita hoy responde a una estructura logística precisa.
Una investigación internacional liderada por la Universidad Nacional de Australia (ANU), en colaboración con la Universidad Estatal de Arizona (ASU), ha puesto al descubierto la cartografía oculta del tráfico ilegal de loros en México, situando a Yucatán como un nodo estratégico en las nuevas rutas del crimen organizado.
El estudio, desarrollado bajo la dirección del Dr. George Olah, investigador DECRA de la Escuela Fenner de Medio Ambiente y Sociedad de la ANU, analiza tres décadas de comercio ilícito para trazar la evolución de esta actividad.
El comercio de fauna silvestre migró de la captura oportunista en comunidades rurales hacia cadenas de suministro articuladas para abastecer la demanda de los grandes centros urbanos.
La mitad de las especies de loros nativos de México se encuentran bajo amenaza directa, registrando un deterioro acelerado en sus niveles de protección biológica en los últimos años.
Por su ubicación peninsular y conectividad, Yucatán se ha posicionado como un punto clave para el acopio, tránsito y redistribución de ejemplares hacia mercados nacionales e internacionales.
La relevancia del modelo desarrollado por la ANU y la ASU radica en su capacidad de anticipación. Al cruzar variables de accesibilidad geográfica, distribución de hábitat y registros históricos de incautaciones, la herramienta permite a las autoridades ambientales e instituciones de seguridad identificar patrones de movilidad antes de que las rutas se consoliden.
El desafío para la región peninsular radica ahora en traducir este mapeo académico en operativos de inspección y vigilancia focalizados, protegiendo a las poblaciones de psitácidos que aún habitan las selvas del sureste mexicano.
Como parte de los operativos para combatir el tráfico de fauna y flora silvestre, en semanas recientes los inspectores de la Profepa en Yucatán rescataron un mono araña, Ateles geoffroyi, y 25 loros, cuatro de ellos crías, que se encontraban en posesión de dos particulares que no acreditaron su legal procedencia. Por estas acciones las dos personas fueron puestas a disposición de las autoridades.
Fue el pasado 31 de mayo, durante una revisión en la carretera federal Campeche-Mérida, cuando elementos de la Secretaría de Seguridad Pública del estado detectaron a dos personas que transportaban en un automóvil, los 25 ejemplares de loro: 10 loros frente blanca, Amazona albifrons, 1 Amazona guatemalae, 5 loro cachetes amarillos, Amazona autumnalis, 4 Loro corona blanca, Pionus seniles, 4 Amazona sin identificar y una baja, además un mono araña, sin poder acreditar su legal procedencia, por lo que se realizó el aseguramiento.
Las dos personas fueron puestas a disposición de la Fiscalía General de la República. Además, se realiza un peritaje de avalúo y/o cuantificación de los daños ocasionados al medio ambiente por la extracción de fauna silvestre.




