Decálogo Sustentable blindará riqueza biocultural de la Península de Yucatán
Por Cecilia Verástegui
Para la Península de Yucatán, el turismo siempre ha sido una moneda de dos caras: por un lado, un motor económico indiscutible que genera miles de empleos; por el otro, una presión constante sobre sus delicados acuíferos, sus extensos manglares y el tejido social de sus comunidades mayas.
Sin embargo, el rumbo del sector acaba de dar un giro definitivo. En vísperas del Día Internacional de la Conservación de los Manglares, las secretarias de Turismo, Josefina Rodríguez Zamora, y de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Alicia Bárcena Ibarra, encabezaron la firma y presentación del Decálogo para la Inversión Turística Sustentable.
Este instrumento histórico busca sepultar la vieja era de las desarrollos desmedidos para dar paso a un modelo donde la conservación ambiental y el desarrollo comunitario sean la norma, convirtiéndose en una noticia clave para estados como Yucatán, Quintana Roo y Campeche.
Durante décadas, la llegada de grandes capitales a la región costó cara: sobreexplotación del manto freático, pérdida de dunas, degradación de arrecifes y el desplazamiento indirecto de las poblaciones locales. Alicia Bárcena Ibarra fue enfática al respecto durante el anuncio:
“Durante muchos años el turismo y el medio ambiente se trataron como temas separados. Se construyeron megaproyectos sin ordenamiento territorial, se sobreexplotaron acuíferos y se degradaron manglares mientras las comunidades rara vez participaron de los beneficios. Hoy entendemos que la naturaleza es la infraestructura del turismo”.
Para la Península, este cambio de paradigma no es un adorno normativo; es una urgencia de supervivencia económica y ecológica.
El Decálogo no busca frenar el capital, sino encauzarlo. Al alinear la política turística con la ambiental, los nuevos proyectos contarán con certeza jurídica e institucional desde su planeación, evitando que el desarrollo destruya, literalmente, los atractivos que motivan al viajero a visitar la región.
El instrumento articula sus compromisos en diez principios fundamentales divididos estratégicamente entre la visión social y económica de la Secretaría de Turismo (Sectur) y la protección ecosistémica de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat):
- Gobernanza turística sustentable: Creación de una mesa interinstitucional permanente.
- Conservación del patrimonio natural y cultural: Protección activa del legado biocultural en contextos turísticos.
- Empleo e inclusión social: Garantía de trabajo formal y digno para las comunidades receptoras.
- Turismo comunitario: Impulso a proyectos locales para que el beneficio económico se quede directamente en las familias de la región.
- Desarrollo turístico equilibrado: Ordenamiento e infraestructura justa entre zonas turísticas y comunidades circundantes.
- Planeación territorial y protección de ecosistemas: Blindaje para áreas vulnerables como cenotes, manglares, arrecifes y playas.
- Gestión eficiente del agua: Prioridad al derecho humano al agua de las comunidades sobre el consumo turístico desmedido.
- Transición energética y acción climática: Reducción acelerada de la huella de carbono de la industria.
- Economía turística circular: Reducción de residuos e investigación para el aprovechamiento sostenible de fenómenos como el sargazo.
- Atracción de inversión sustentable: Armonización legislativa para proyectos con un alto estándar ambiental.
Impacto directo en la Península de Yucatán: Cenotes, manglares y comunidades en el centro
En la práctica, la implementación del Decálogo promete ser un salvavidas para la geografía del Sureste. Principios como la gestión eficiente del agua y la protección de ecosistemas estratégicos tocan de lleno los puntos más sensibles de la región: la preservación de la red subterránea de cenotes y la salud de los manglares, barreras naturales imprescindibles contra fenómenos meteorológicos extremos.
Además, el énfasis en la economía circular abre la puerta a soluciones integrales para problemáticas complejas como el arribo masivo de sargazo en el Caribe Mexicano, transformando un reto ambiental en una oportunidad de aprovechamiento sostenible.
Por su parte, Josefina Rodríguez Zamora remarcó que este enfoque pone en el centro el bienestar de la gente local:
“Promocionamos nuestros recursos naturales, que son el principal activo de México, pero hoy damos un paso más para que la inversión también contribuya a proteger nuestro entorno. Queremos un turismo que genere empleo y bienestar para las comunidades, pero siempre con responsabilidad ambiental. ¡El turismo tiene futuro siempre y cuando cuide aquello que lo hace posible!”
Una brújula para más de 42 mil millones de dólares
El Decálogo no se quedará en intenciones en papel. Servirá de marco orientador e imperativo para la Cartera de Inversión Turística nacional, la cual suma actualmente más de 42 mil millones de dólares distribuidos en 773 proyectos a lo largo de las 32 entidades del país.
Con la mesa de trabajo interinstitucional ya en marcha, la Península de Yucatán se perfila como el gran laboratorio y el mayor beneficiario de este acuerdo. En una región donde la selva abraza al mar, el mensaje del Gobierno de México es claro: la conservación ambiental ya no es el enemigo del desarrollo económico, sino su única garantía a largo plazo.




