InicioNacional"Aquí Nadie Olvida", el Memorial de Periodistas de México, asesinados

“Aquí Nadie Olvida”, el Memorial de Periodistas de México, asesinados



El asfalto de Paseo de la Reforma vibra bajo el peso de un reclamo silencioso, pero metálico.

A la altura de la Torre del Caballito y el edificio histórico de Excélsior, la emblemática “Esquina de la Información” ha cambiado para siempre.

Decenas de familias, activistas y reporteros se abren paso entre el tráfico habitual de cada fin de semana, para develar un nuevo antimonumento.

La estructura, imponente y digna, desafía al paisaje urbano y lleva grabada una consigna tajante:

“Aquí nadie olvida”.

Esta imagen ha sido colocada en una ubicación que no es ninguna coincidencia ni un capricho geográfico.

Se levanta justo donde las grandes rotativas solían moldear la opinión pública, un punto neurálgico que ahora resuena como un grito contra el silencio forzado.

El memorial emerge en una era de profunda y peligrosa polarización. Desde las tribunas del poder se señala y se estigmatiza al mensajero, mientras en las regiones más profundas del país el crimen organizado dicta los titulares bajo amenaza de muerte.

Esta pieza de metal acusa directamente la impunidad sistémica de un Estado donde los carteles de la droga se han coludido con las instituciones gubernamentales y el periodismo queda completamente desprotegido.

Investigar la tala ilegal, documentar desfalcos, fotografiar la colusión de las policías, o cubrir temas tan volátiles como el tráfico de fentanilo ilegal por las audanas mexicanas en total colusión entre autoridades navales, cárteles del narcotráfico y la mafia China.

Esas investigaciones periodísticas se han convertido en una sentencia de muerte. El 98% de estos crímenes permanece en el archivo muerto del olvido oficial.

Los nombres grabados en el acero no son cifras; representan las verdades que el poder intentó enterrar. Este espacio permanente de resistencia les devuelve su lugar en la memoria colectiva, a la vista de los millones que transitan diariamente por la avenida.

Los manifestantes montan guardia con la certeza de que las autoridades intentarán retirar la estructura por falta de permisos oficiales. Sin embargo, los colectivos advierten que defenderán el sitio: la verdad no pide licencia para ser contada.

La jornada concluye, pero la indignación se queda sembrada en el corazón de la capital. Mientras los carros vuelven a circular frente al Caballito, el memorial permanece firme, recordándole al país que callar al periodismo es apagar la verdad.

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