Por Ek Xib Yaotecátl
Bajo el sol incandescente de la costa oaxaqueña, el murmullo de la Asamblea General de Comuneros de San Pedro Huamelula no era solo ruido de reunión cotidiana; era el sonido de un compromiso histórico. En un ejercicio de gobernanza que devuelve el poder de la tierra a sus guardianes ancestrales, la comunidad Chontal ha decidido dar un paso al frente para blindar su territorio contra el deterioro ambiental.
El anuncio de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) no es para menos: se celebra la voluntad de un pueblo que, tras procesos de consulta pública, ha decidido sumarse a la protección de los Santuarios Barra de la Cruz-Playa Grande y Playa Morro Ayuta, dos de los epicentros de anidación de tortugas marinas más importantes del mundo.
La voz del pueblo sobre la arena
La estrategia no viene impuesta desde un escritorio en la capital. Se trata de una “conservación humanista”. Los comuneros de Huamelula, poseedores de un conocimiento milenario sobre los ciclos de la marea y la vida del monte, han aprobado la creación de una nueva reserva comunitaria destinada específicamente a la protección de sus manglares, esos pulmones acuáticos que protegen la costa de la erosión y sirven de guardería para la vida marina.
El acuerdo también contempla el fortalecimiento de la estrategia de manejo en Mazcalco, un Área Destinada Voluntariamente a la Conservación (ADVC). Aquí, la lógica es simple pero poderosa: quien mejor conoce el recurso es quien mejor lo cuida. Al involucrar directamente a las comunidades, se reducen los conflictos por el uso de la tierra y se asegura que la protección de la biodiversidad genere, también, bienestar económico para las familias locales.
Alianzas que dan frutos
Para que este pacto no se quede solo en papel, la Conanp desplegará los programas PROREST (Protección y Restauración de Ecosistemas) y PROCODES (Conservación para el Desarrollo Sostenible). Estos motores financieros y técnicos buscan dotar a la comunidad de herramientas para la vigilancia ciudadana y la educación ambiental.
Sin embargo, la conservación moderna requiere tecnología. Es aquí donde la organización civil COSTASALVAJE entra en juego. Su aportación permitirá la compra de cámaras trampa —ojos electrónicos que vigilarán la fauna sin perturbarla— y señalización ética, además de brindar el soporte científico necesario para que la Estrategia de Manejo del ADVC sea sólida y eficiente.
Un futuro compartido
Al final de la jornada, el mensaje es claro: la protección de las tortugas marinas y el desarrollo de San Pedro Huamelula ya no son caminos separados.
Con esta alianza entre gobierno, sociedad civil y pueblos indígenas, la costa de Oaxaca reafirma que la verdadera ecología empieza por el respeto a quienes habitan el territorio.
Hoy, los manglares de Huamelula y las playas de Morro Ayuta respiran con un poco más de calma.
El futuro de la biodiversidad oaxaqueña parece haber encontrado, finalmente, a sus aliados más leales.




