Por Rodolfo Montes
CIUDAD DE MÉXICO.– El Salón Tesorería de Palacio Nacional, escenario de mil batallas retóricas, fue testigo este martes de una de las declaraciones más frontales de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo en lo que va de su mandato.
Con un tono que navegó entre la decepción y la firmeza, la mandataria lanzó un dardo directo a quienes, hasta ayer, se hacían llamar compañeros de camino: el Partido del Trabajo (PT) y sectores del Partido Verde.
La “Mañanera del Pueblo” transcurría con la calma habitual hasta que el tema de la reforma electoral —naufragada recientemente en su forma original— ocupó el centro del estrado.
Sin rodeos, la presidenta puso nombre y apellido al freno legislativo: los partidos aliados, dijo, sucumbieron al temor de perder privilegios y cuotas de poder.
“Tuvieron miedo”, sentenció Sheinbaum ante la mirada atenta de la prensa. “Sobre todo el PT. Tuvieron miedo de que el pueblo decidiera directamente quiénes deben ser sus representantes; miedo a que las cúpulas dejaran de poner nombres en las listas de plurinominales”.
Para la presidenta, la resistencia de sus aliados no fue un asunto de técnica legislativa ni de defensa de la democracia, sino un acto de supervivencia política frente a una propuesta que buscaba reducir el financiamiento público y obligar a todos los candidatos, sin excepción, a salir a las calles a buscar el voto territorial.
La declaración de este jueves marca un punto de inflexión en la relación de la coalición gobernante. Sheinbaum recordó que, aunque el PT y el Verde han sido fundamentales para reformas previas —como la del Poder Judicial o la de soberanía energética—, en el tema electoral “prefirieron la comodidad del sistema actual”.
“Es una victoria moral porque cumplí mi compromiso con la gente de presentar la propuesta completa, pero es una derrota para quienes no se atrevieron a dar el paso hacia una democracia menos costosa y más ciudadana”, añadió la mandataria.
El Plan B y el futuro del 2027
A pesar del reproche, la presidenta no dio el tema por cerrado. Aseguró que el “Plan B”, que ya avanza en el Senado con un presupuesto más austero y ajustes administrativos, es la respuesta necesaria ante la negativa de la reforma constitucional.
Sin embargo, el mensaje de hoy dejó una cicatriz pública: la confianza con el PT ha quedado fisurada por el “temor” a una reforma que, según la narrativa oficial, ponía el poder en manos de la gente y no de los logotipos partidistas.




