Por Rodolfo Montes
A Ricardo Monreal se le ve curtido, pero no confiado. El zacatecano, que ha hecho del equilibrismo político un arte de supervivencia, camina hoy por el filo de la navaja en San Lázaro.
La consigna es clara: sacar adelante la reforma electoral de la presidenta Claudia Sheinbaum.
Pero en los pasillos de la Cámara de Diputados, donde los susurros suelen ser más ruidosos que los gritos en tribuna, el ambiente se siente denso.
El coordinador de la mayoría morenista soltó cuerda frente a los reporteros. Aplicó la vieja máxima de “la forma es fondo” para sacudirse la presión del reloj.
Dice que no es él, sino las comisiones unidas de Puntos Constitucionales y de Reforma Político-Electoral, las que marcan el paso.
“Ellas diseñan el proceso”, soltó con esa parsimonia de quien sabe que, en política, el que se acelera, se derrapa.
Pero vamos al grano, que el diablo está en los detalles. Corría el rumor de un nuevo “Plan B” —fantasma que todavía recorre los pasillos tras los tropezones del sexenio pasado—.
Monreal fue tajante: aquí no hay atajos que valgan. Quiso poner fin a las “especulaciones” sobre si los plurinominales o el recorte al financiamiento de los partidos podrían colarse por la puerta de atrás de las leyes secundarias.
“Somos serios y la Presidenta es escrupulosa en materia constitucional”, remachó. Traducción para los despistados: no van a dar margen a que la Corte les enmiende la plana por una chicanada legislativa.
Si la reforma constitucional se desecha, se desecha. Punto. No hay “bypass” legal que aguante un año de congeladora si no alcanzan las dos terceras partes.
Lo que sí admitió el zacatecano es que la labor de convencimiento con los “hermanos menores”, el PT y el PVEM, es de tiempo completo.
Monreal sabe que la lealtad en la coalición a veces tiene precio o, al menos, requiere de mucha saliva. “No vamos a dejar un solo día de hablar con ellos”, confesó.
¿Hay riesgo de ruptura? El estratega político que habita en Monreal jura que no. Dice que un voto diferenciado hoy no pone en riesgo la coalición de 2027.
Pero la advertencia quedó en el aire: si no hay votos, prolongar el debate es comprar boletos para una rifa de división y fricción que nadie en Palacio Nacional quiere ganar.
A los que ven en los 11 artículos de la reforma la sombra de un “partido de Estado”, Monreal les recetó un “totalmente inexacto”. Para él, se trata de profundizar la democracia, no de asfixiarla.
El tablero está puesto. Las comisiones trabajan “desde antier” y el humo blanco todavía no se asoma por la chimenea de San Lázaro.
Monreal insiste en que están en la “ruta correcta”, pero en el fondo sabe que en este juego de vencidas parlamentarias, la razón constitucional suele ser el pretexto, mientras que los votos… esos son la única y cruda realidad.
¿Logrará convencer al Verde y al PT de que “no les afecta”?
Ya veremos.
Por ahora, el zacatecano prefiere que las comisiones carguen con el ritmo, mientras él se reserva el papel de mediador, o de bombero, según sople el viento.




