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El rompecabezas del tiempo en el laboratorio del Tren Maya



Por Ek Xib Yaotecátl

En el Laboratorio de Análisis de Material Histórico y Misceláneo del Tren Maya, el silencio solo se rompe por el sutil tintineo de fragmentos de vidrio y el roce de los pinceles.

Aquí, un equipo de especialistas liderado por la restauradora Kenia Monserrat Chávez Cruz se enfrenta diariamente al rompecabezas más grande y complejo de la región: reconstruir siglos de historia que yacían bajo la selva, pieza por pieza.

Para estos expertos, ninguna ficha es irrelevante.

Si para un ojo inexperto una bolsa de materiales puede parecer un caos de residuos, para los arqueólogos analistas Itzel Hernández, Glenda Dena y Tadeo Martínez, es un desafío de agudeza visual y paciencia infinita. Su labor es pausada, metódica; están rescatando, identificando, encajando miles de elementos que el tiempo y la tierra decidieron desordenar.

A diferencia de un rompecabezas convencional, aquí las piezas no pertenecen a una sola imagen. Sobre las mesas de trabajo del INAH en Chetumal, se mezclan fragmentos de estucos prehispánicos con utensilios virreinales, y municiones del siglo XIX con juguetes del siglo XX.

Su reto es clasificar cada elemento por su materialidad y temporalidad, decidiendo a qué “escena” de la historia mexicana pertenece cada fragmento recuperado de los siete tramos ferroviarios del Tren Maya.

“Hacer hablar a los restos más diversos es nuestra tarea”, explican los especialistas, quienes actúan como detectives que buscan la “caja original” de cada objeto para entender el contexto sociopolítico y económico de la zona.

Las piezas que narran epidemias y guerras

A veces, el rompecabezas revela imágenes crudas. Al unir un par de frascos color ámbar hallados en el Tramo 6, cerca de Felipe Carrillo Puerto, el equipo logró leer una marca: C.H. Wintersmith, Louisville, KY. Esta pieza encajó perfectamente en el mapa de finales del siglo XIX, cuando Quintana Roo era un foco de malaria y fiebre amarilla. El frasco de tónico antipalúdico no es solo vidrio; es la prueba física de la lucha contra la enfermedad en medio del caos de la Guerra de Castas.

La numismática también aporta sus propias fichas metálicas. El laboratorio ha documentado la transición del oro y la plata hacia metales industriales como el cuproníquel y el bronce tras la Revolución. Cada moneda es un punto de conexión en la evolución económica del país, una pieza que ayuda a trazar las rutas comerciales que alguna vez cruzaron estos territorios.

El arte de pegar el pasado

El trabajo no termina al identificar la pieza. Como quien aplica pegamento para fijar su obra terminada, el equipo realiza tratamientos de intervención y embalajes especiales. Unen fragmentos de vidrio que llegaron destrozados y limpian la corrosión de los metales para estabilizarlos.

El rompecabezas es delicado; en ocasiones, la pieza es el fragmento de un mascarón maya que requiere manos de seda para no desmoronarse. Al final del día, cada objeto pesado, medido y analizado es una victoria contra el olvido. En este laboratorio, la historia de México se arma con rigor científico, pero con la pasión de quien sabe que, sin esa pequeña pieza de vidrio o metal, el cuadro de nuestro pasado quedaría incompleto para siempre.

 

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