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María tiene en sus manos el artede la piñatería



 

Mérida, Yucatán.- En un pequeño rincón de Yucatán, el aire huele a engrudo fresco y papel de China. Ahí, donde el color cobra forma de estrella y de figuras fantásticas, María Concepción Ek Rubio libra su batalla diaria. A sus 45 años, esta madre autónoma ha convertido el arte de la piñatería en el sustento de su hogar, un oficio que desde hace cuatro años es su motor y que hoy, gracias a un nuevo impulso, brilla con una luz distinta.

Para María, ser jefa de familia no conoce de descansos. Entre pliegos de papel y pedidos por entregar, la realidad del mercado suele ser implacable: el costo de los insumos sube, pero el deseo de salir adelante permanece intacto. Es en este escenario donde el programa Mujeres Renacimiento, impulsado por el Gobierno del Estado, ha dejado de ser un concepto político para convertirse en material de trabajo.

“Me ha ayudado bastante en el trabajo que hago día a día. Me surto de material, que a veces sube de costo, y así puedo seguir saliendo adelante”, relata María mientras sus manos, expertas en el detalle, dan forma a una nueva creación.

Sin embargo, la crónica de este apoyo no se escribe solo en el taller. El verdadero impacto se siente al cruzar el umbral de su casa. A través de la tarjeta Elvia Carrillo Puerto —nombre que evoca la lucha histórica de las mujeres en Yucatán—, el recurso bimestral se transforma en lo que María llama “tranquilidad”.

El destino de los fondos es sagrado debido a que garantiza el plato en la mesa; se tiene ropa digna para sus hijas, así como útiles escolares que antes representaban una preocupación constante.

Esta autonomía económica es, precisamente, el eje central de la visión del Gobernador Joaquín Díaz Mena. Al eliminar intermediarios, el programa busca que el respaldo llegue directo a quienes, como María, mueven la economía desde el corazón de sus hogares.

La historia de María Concepción no empezó en una oficina pública, sino en la charla cotidiana con una vecina. Fue ella quien la animó a inscribirse, demostrando que la solidaridad entre mujeres es el primer paso para el cambio. Hoy, María no solo sueña con piñatas más grandes; ya planea diversificar su talento con artículos de macramé, decidida a no rendirse.

“Es una ayuda que nos ayuda bastante a todas las madres autónomas para superarnos”, concluye con una sonrisa, mientras retoma el pegamento y el papel. Para ella, y para miles de yucatecas, este programa no es solo un subsidio: es el reconocimiento de que su trabajo sostiene no solo una casa, sino el tejido mismo de la sociedad.

 

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