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“¡México no se doblega, no se arrodilla, no se rinde y no se vende!”: Sheinbaum



Rodolfo Montes

QUERÉTARO, Qro.— El eco de 1917 regresó al Teatro de la República, pero esta vez no arrastraba el polvo de los libros de texto, sino el fuego de una narrativa que se siente viva, punzante. En el recinto donde se fraguó el destino legal de la nación, la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo no acudió solo a conmemorar; acudió a marcar la raya. Una raya gruesa, soberana, frente a cualquier sombra de injerencia extranjera.

Bajo los candelabros que han visto pasar un siglo de historia, el ambiente estaba cargado. No era una ceremonia más. Era el 109 aniversario de la Carta Magna y el escenario servía para cristalizar lo que el oficialismo llama la “recuperación de la esencia constitucional”.

Un blindaje contra el exterior

Con la mirada firme y un discurso que fue de la memoria histórica a la bofetada geopolítica, Sheinbaum desmenuzó el arsenal legislativo acumulado entre 2024 y 2025: 22 reformas constitucionales que, a su decir, le han devuelto el alma al texto de Querétaro. Habló de la Guardia Nacional, de los pueblos indígenas, de la energía y del maíz nativo. Pero el clímax llegó cuando la jefa del Estado mexicano decidió leer, palabra por palabra, la nueva redacción del Artículo 40.

Fue un momento de silencio absoluto. La advertencia era clara: México no aceptará golpes de Estado, intromisiones electorales ni violaciones a su espacio aéreo o territorial. Fue el preámbulo para la frase que retumbó en las paredes de cantera y que hoy define su postura ante el mundo:

“Con entereza y fiel a nuestra historia, decimos con fuerza: México no se doblega, no se arrodilla, no se rinde y no se vende”, subrayó Sheinbaum, desatando una ovación que parecía querer romper el protocolo.

Lo que se vio en el estrado fue un retrato inédito de la era política actual. Tres mujeres al frente de los Poderes de la Unión. Laura Itzel Castillo desde el Senado y Kenia López Rabadán desde la Cámara de Diputados, flanqueando a la Presidenta, celebrando una evolución constitucional que finalmente las puso ahí.

Incluso desde el Poder Judicial, el tono cambió. El ministro presidente Hugo Aguilar Ortiz, hijo de la reciente reforma, habló de una “etapa de reconciliación”, alejando los fantasmas del choque de trenes que marcó el inicio del sexenio.

Incluso el gobernador anfitrión, el panista Mauricio Kuri, tuvo que plegarse al sentimiento de unidad nacionalista. “La Presidenta no está sola en la defensa de la patria”, soltó Kuri, reconociendo que, ante las presiones externas, el color de la bandera importa más que el del partido.

La agenda que viene

Sheinbaum no se quedó solo en la retórica de la soberanía. Lanzó el guante para lo que sigue: la semana de 40 horas, una promesa que busca aterrizar la “justicia social” de la que tanto habló.

Al salir del teatro, el mensaje quedó flotando en el aire queretano. No fue un informe de labores, fue una proclama. México, según Sheinbaum, ha dejado de ser “letra muerta” para convertirse en un muro de contención que no acepta dictados de fuera. La Constitución de 1917 ha sido actualizada, blindada y, sobre todo, utilizada como escudo en un tablero internacional que no perdona debilidades.

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